Muertes y resurrecciones... de proyectos o comunidades


#1

Publicado originalmente en: http://la-cajita.es/blog/muertes/

Escribo este post a raíz de un artículo compartido por Pago González, titulado Closing communities: FFFFOUND! vs MLKSHK. El artículo habla de dos plataformas web que están próximas a cerrar, y explica lo diferentes que están siendo las formas de cierre. FFFFOUND! está siendo cerrada con poco tiempo de aviso y sin dar opción a…


#2

Temazo.

En Montera34 reflexionamos sobre ello desde la primera vez que pensamos en matar Meipi, vetusta plataforma que ya ha cumplido 10 años, que sigue siendo usada y que cada vez tiene más bugs y deficiencias por nuestra falta de tiempo y cuidados.

Hace poco @pablo y yo hablábamos sobre el tema tras leer este sincero texto de Horacio de Escoitar. Nos tocaron especialmente las palabras de Horacio porque Escoitar es contemporáneo de Meipi, hemos coincidido con Horacio en varios talleres y encuentros, y en muchas de las cosas que escribe podría estar hablando de Meipi.

Cómo matar, o cómo dejar morir, es un proceso trabajoso, costoso, que se suele dar cuando ya no hay tiempo ni ganas que dedicar; para hacerse bien tiene que ser un trabajo social además. Cómo enterrar es otro tema, más fácil, más técnico. Para esto último, en Montera34 tenemos nuestro cementario de páginas webs. Nuestro granito de arena para preservar la escurridiza memoria digital.


#3

Guau, veo que el tema se está desplegando en tres vertientes: el por qué mueren los proyectos, el cómo mueren, y el qué pasa con sus cadáveres.

Me acabo de leer el texto de Horacio y la verdad es que es un gran ejercicio de revisión para tratar de entender por qué murió Escoitar. El por qué mueren los proyectos daría para otro hilo igual de interesante, pero volviendo al cómo mueren, creo que la “muerte” de Escoitar por “autodestrucción interactiva” fue una de las acciones más conmovedoras y potentes que he visto para cerrar un proyecto. No sólo fue una muerte digna, o al menos un digno entierro si consideramos que quizás ya estaba muerto, sino que la destrucción de su patrimonio se convirtió en una acción del proyecto en sí misma, como una última voluntad expresada de forma irrevocable al expirar.

Aún así, fue algo imprevisto, decidido de forma casi unilateral, sin implicar no ya a la comunidad (que no sé si existía en torno a ese proyecto) sino al resto de componentes del colectivo (que podríamos decir que no existía en ese momento, lo cual justificaría la decisión unilateral).

Con esa misma visión poética podrían haber cerrado los de FFFFOUND! su plataforma, y habría sido una muerte más sonada y un duelo más potente para la comunidad, pero no sé si habría sido mucho mejor, porque en este caso no hablaríamos de un entierro por muerte natural, sino de un “asesinato” que una de las partes, la que tiene el poder, decidió cometer intencionalmente sin dar opción al resto.

Hay un concepto linuxero que me encanta, y es el “graceful shutdown”. Si no he entendido mal, es un apagado que da tiempo a los diferentes procesos del sistema a finalizar su tarea actual y cerrarse adecuadamente. Para mí este símil es bastante fructífero, y me está permitiendo empezar a pensar en el final de los proyectos incluso antes de que comiencen.

Si cambiamos procesos informáticos por actividades humanas… ¿podemos trasladar ese “cierre gentil” a procesos participativos, herramientas compartidas, comunidades, etc.? ¿Podemos prever el apagado y hacer que sea parte del sistema? ¿Podemos facilitar los tiempos y espacios para que, cuando llegue ese momento, se rescate lo que tenga futuro, se transforme lo que aún pueda dar de sí, se abandone lo que ya se quemó, y se siembre lo que más tarde se pueda cosechar?


#4

Hablando de muertes dignas y “cierres gentiles”, aquí tenéis un buen ejemplo:

Para vivir… Morimos, por el Patio Maravillas.

Se puede leer como el harakiri del que prefiere morir de pie que vivir de rodillas, pero yo lo veo más como un hermoso “terminar para poder seguir”, con componentes muy prácticas y a la vez bastante épicas. Y convierten la “muerte” en una celebración colectiva. ¿Qué mejor forma hay de terminar algo?